A medida que la aviación acelera hacia su objetivo de Cero Neto para 2050, un estudio de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA), desarrollado con ICF, destaca el creciente papel estratégico de los mercados de carbono en la región.
Si bien gran parte del enfoque de la industria se ha centrado en el Combustible de Aviación Sostenible (SAF), los créditos de carbono podrían ofrecer una vía complementaria —y en algunos casos más inmediatamente escalable— para abordar las emisiones residuales. La cuestión ya no es si los mercados de carbono desempeñarán un papel, sino cuán centrales podrían llegar a ser en la configuración de la estrategia de descarbonización de la región.
Una ventaja estructural única de la región
América Latina y el Caribe ocupan una posición distintiva en el panorama global del carbono. La región representa aproximadamente el 23% de la emisión global de créditos de carbono, mientras que contribuye solo con alrededor del 6,7% de las emisiones totales.
Este desequilibrio refleja una ventaja estructural arraigada en el capital natural. La extensa cobertura forestal, la alta biodiversidad y los servicios ecosistémicos a gran escala —particularmente en la cuenca del Amazonas— permiten a la región generar créditos de carbono a escala a través de soluciones basadas en la naturaleza.
Esto sugiere que América Latina no es solo un participante en la transición de la aviación, sino un potencial proveedor neto de capacidad de descarbonización para el mercado global.
Del activo ambiental a la palanca económica
Históricamente, estos activos ambientales se han enmarcado principalmente en términos de conservación. Hoy en día, se ven cada vez más a través de una lente económica.
Las soluciones basadas en la naturaleza —como los proyectos REDD+, las iniciativas de reforestación y la preservación de ecosistemas— se están volviendo monetizables a través de sistemas de créditos de carbono. Para los gobiernos y los desarrolladores de proyectos, esto crea nuevas fuentes de ingresos vinculadas a la demanda climática global.
En términos prácticos, el carbono está evolucionando de una restricción ambiental a una clase de activo negociable. A medida que aumenta la demanda global de créditos de alta calidad, los ecosistemas de América Latina podrían sustentar una parte creciente de los mercados de carbono voluntarios y de cumplimiento.
Para la aviación, esto representa una oportunidad estratégica: las emisiones que no pueden reducirse directamente —particularmente a corto plazo— pueden compensarse mediante créditos generados dentro de la región.
La dependencia de la aviación de las compensaciones: una realidad estructural
Incluso bajo escenarios optimistas de descarbonización, se espera que la aviación dependa de las compensaciones de carbono para abordar las emisiones residuales.
Es poco probable que las soluciones tecnológicas —ya sean SAF, hidrógeno o electrificación— eliminen por completo las emisiones en todos los segmentos, particularmente en operaciones de largo recorrido. Como resultado, mecanismos como el Sistema de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA) de la OACI están diseñados para integrar los créditos de carbono en la vía de transición del sector.
Esto convierte a los mercados de carbono no en una opción secundaria, sino en un componente estructural de la descarbonización global de la aviación. Para las aerolíneas latinoamericanas, el acceso a créditos de alta calidad podría volverse tan estratégicamente importante como el acceso al combustible.
El desafío de la credibilidad
Sin embargo, la expansión de los mercados de carbono no está exenta de limitaciones.
La calidad y credibilidad de los créditos de carbono siguen bajo un escrutinio creciente. Las preguntas sobre la adicionalidad, la permanencia y la verificación han llevado a estándares más estrictos y a marcos regulatorios en evolución. Algunos créditos basados en la naturaleza —particularmente en mercados en etapa temprana— han sido objeto de críticas con respecto a su integridad ambiental.
Para América Latina, esto introduce un requisito crítico: la escala debe ir acompañada de calidad.
En la práctica, esto significa que solo los proyectos que cumplan con estándares internacionales robustos serán elegibles para mecanismos relacionados con la aviación como CORSIA. Por lo tanto, fortalecer los sistemas de monitoreo, reporte y verificación (MRV) será esencial para liberar todo el potencial de la región.
Un mercado en expansión
A pesar de estos desafíos, el mercado global de carbono se está expandiendo rápidamente.
Los volúmenes de créditos de carbono han crecido significativamente en los últimos años, con proyecciones que sugieren que la demanda podría alcanzar entre 1.800 y 8.200 millones de toneladas de CO₂ anualmente para 2050. En este contexto, América Latina podría representar una parte sustancial de la oferta, dada su base de recursos naturales.
Este crecimiento está impulsado por múltiples factores: compromisos corporativos de cero neto, marcos regulatorios y una creciente integración de mecanismos de fijación de precios del carbono en los mercados globales.
La implicación es clara: los mercados de carbono están pasando de ser instrumentos de nicho a componentes centrales de la economía climática global.
Implicaciones estratégicas para los actores de la aviación
Para los actores de la aviación, esta evolución conlleva varias implicaciones estratégicas.
Las aerolíneas pueden depender cada vez más de los créditos de carbono para gestionar las emisiones residuales, particularmente en mercados donde la adopción de Combustible de Aviación Sostenible sigue siendo limitada. El acceso a créditos asequibles y de alta calidad podría convertirse en un diferenciador competitivo, influyendo en las estructuras de costes y las estrategias de cumplimiento.
Los gobiernos, por su parte, se enfrentan a una doble oportunidad. Al desarrollar marcos robustos para los mercados de carbono, pueden apoyar los esfuerzos de descarbonización nacionales y posicionarse como exportadores de activos de carbono. Esto crea posibles sinergias entre la política ambiental, el desarrollo económico y el comercio internacional.
Los inversores también están entrando en este espacio, viendo los mercados de carbono como una clase de activo en crecimiento vinculada a compromisos climáticos a largo plazo. Esto podría acelerar el desarrollo de proyectos, siempre que se garantice la claridad regulatoria y la integridad del mercado.
Un reequilibrio estratégico de la vía de descarbonización
En América Latina y el Caribe, los mercados de carbono tienen el potencial de reequilibrar la ecuación de descarbonización de la aviación.
Si bien el SAF seguirá siendo esencial a largo plazo, su alto coste y disponibilidad limitada restringen su escalabilidad inmediata. Los créditos de carbono, por el contrario, ofrecen una vía más flexible y potencialmente más rápida para abordar las emisiones, siempre que se aborden los desafíos de calidad y gobernanza.
En este contexto, el papel de la región podría extenderse más allá de la descarbonización de su propio sector de aviación para apoyar la transición global.
En lugar de seguir un modelo uniforme, América Latina puede configurar una vía diferenciada, una donde el capital natural, los mercados de carbono y los marcos de políticas específicos definan colectivamente la trayectoria hacia el Cero Neto.
En última instancia, la cuestión no es si los mercados de carbono pueden contribuir a la descarbonización de la aviación, sino si la región puede posicionarse para liderar su desarrollo y capturar el valor económico que ello conlleva.



