A medida que el sector de la aviación en América Latina avanza hacia una transición de largo plazo hacia operaciones con menores emisiones de carbono, una pregunta adquiere cada vez mayor relevancia: ¿de dónde provendrá el combustible sostenible de aviación (SAF) necesario para impulsar esa transformación?
Un nuevo análisis del MIT Center for Sustainability Science and Strategy (CS3) concluye que la respuesta no será uniforme en toda la región. Aunque todos los países enfrentan el mismo desafío de la descarbonización, su capacidad para producir SAF varía considerablemente en función de sus recursos agrícolas, los costos de producción, la capacidad industrial y los marcos regulatorios.
El resultado es la aparición de un nuevo mapa regional, en el que algunos países están posicionados para convertirse en grandes productores de SAF, mientras que otros probablemente dependerán de las importaciones o de rutas alternativas de producción.
Los recursos naturales otorgan a América Latina una ventaja estratégica
En comparación con muchas otras regiones del mundo, América Latina inicia la carrera por el SAF con importantes ventajas estructurales.
La región dispone de una amplia producción agrícola, condiciones climáticas favorables y una gran diversidad de materias primas que ya forman parte de la industria de los biocombustibles. Según el estudio del MIT, las rutas ethanol-to-jet (ETJ) basadas en caña de azúcar, HEFA a partir de aceite de palma y HEFA a partir de soja representan actualmente las alternativas más prometedoras para la producción de SAF a gran escala.
Estas cadenas de valor ya consolidadas proporcionan una base industrial que muchas otras regiones aún deben desarrollar.
No obstante, los investigadores advierten que la disponibilidad de materias primas, por sí sola, no determinará la competitividad futura. La economía de producción, la infraestructura, las condiciones de inversión y la estabilidad de las políticas públicas serán los factores decisivos para definir dónde se desarrollará la capacidad de producción de SAF.
Brasil emerge como el principal polo industrial de la región
Entre los seis países analizados, Brasil se posiciona como el claro líder.
La combinación de una producción a gran escala de caña de azúcar y soja, una sólida experiencia en biocombustibles y costos de producción altamente competitivos crea unas condiciones que ningún otro país de la región logra igualar.
El estudio estima costos de producción de SAF de entre US$ 1,11 y US$ 1,77 por litro, los más bajos entre todos los países evaluados.
Respaldar esta capacidad productiva también requerirá el mayor programa de inversión industrial de la región. El MIT estima que Brasil, por sí solo, podría concentrar alrededor de US$ 84.000 millones de los US$ 204.000 millones en inversiones acumuladas necesarias para desarrollar nuevas plantas de producción de SAF entre 2025 y 2050.
Estas ventajas van mucho más allá de la demanda interna. En los escenarios que contemplan el comercio regional de SAF, Brasil aparece de manera constante como uno de los principales exportadores potenciales de América Latina.
Comienza a configurarse una red regional de producción
Sin embargo, no se espera que Brasil lidere esta transición en solitario.
El informe identifica a Colombia, Ecuador y Perú como otros países con un importante potencial competitivo para producir SAF, aunque cada uno por razones diferentes.
Colombia cuenta con industrias consolidadas de aceite de palma y caña de azúcar capaces de sustentar rutas de producción de SAF altamente competitivas. Ecuador combina costos de producción favorables con un mercado interno relativamente pequeño, lo que abre oportunidades de exportación bajo determinados escenarios. Por su parte, Perú, pese a contar con un mercado aeronáutico más reducido, también demuestra un potencial competitivo que podría contribuir al abastecimiento regional antes de que su demanda doméstica aumente de manera significativa.
Cada país seguirá una trayectoria distinta, pero en conjunto podrían constituir la columna vertebral de una futura red regional de producción de SAF.
Más que concentrar la oferta en un único mercado, el estudio proyecta una base productiva diversificada distribuida entre varias economías latinoamericanas.
No todos los mercados alcanzarán la autosuficiencia
El informe también demuestra que fijar objetivos nacionales de producción no constituye necesariamente la estrategia más eficiente.
A pesar de sus ambiciosos objetivos climáticos, Chile dispone de una disponibilidad de biomasa relativamente limitada en comparación con sus vecinos. Su mayor oportunidad a largo plazo podría encontrarse en los combustibles sintéticos power-to-liquid (PTL), respaldados por su abundante disponibilidad de energías renovables, especialmente solar y eólica.
México presenta un escenario diferente. Aunque dispone de importantes recursos agrícolas, también concentra uno de los mayores mercados de aviación de la región. A medida que aumente la demanda, importar parte de sus necesidades de SAF podría resultar económicamente más conveniente que producir todo el combustible a nivel nacional.
En los escenarios de comercio regional modelizados por el MIT, Chile y México se convierten en importadores netos de SAF, mientras que Brasil, Colombia, Ecuador y Perú abastecen parte de la demanda regional.
Las conclusiones ponen de manifiesto un principio fundamental: la competitividad dependerá menos de las fronteras nacionales que de la capacidad para combinar de forma eficiente materias primas, tecnología y economía de producción.
Las materias primas, por sí solas, no construirán una industria del SAF
Los recursos naturales generan oportunidades, pero representan solo una parte de la ecuación.
El informe insiste en que el despliegue del SAF a gran escala dependerá de la existencia de marcos regulatorios estables capaces de atraer inversión privada de largo plazo.
Los productores necesitan regulaciones previsibles, criterios claros de sostenibilidad, mecanismos de financiación y la confianza de que la demanda futura justificará inversiones de miles de millones de dólares en nuevas instalaciones industriales.
Sin esa estabilidad regulatoria, las ventajas agrícolas de América Latina podrían no traducirse nunca en un verdadero liderazgo industrial.
Construir una industria, más allá del mercado de combustibles
El análisis del MIT concluye que la oportunidad que representa el combustible sostenible de aviación trasciende ampliamente la producción de combustible.
Representa la posibilidad de desarrollar un nuevo ecosistema industrial que conecte la agricultura, la producción de energía, el refinado, la logística, la infraestructura y la aviación.
Los países que liderarán esta transformación no serán necesariamente aquellos con la mayor disponibilidad de biomasa, sino los que logren combinar materias primas competitivas con una regulación coherente, seguridad para la inversión y una planificación industrial de largo plazo.
A medida que la transición de la aviación latinoamericana cobra impulso, la pregunta ya no es únicamente si la región podrá producir combustible sostenible de aviación. El verdadero interrogante es qué países sentarán las bases de la futura economía regional del SAF y cómo ese nuevo mapa de producción podría redefinir el futuro de la aviación en América Latina.



