Un pasajero que pasa 45 minutos en una fila de inmigración no recorre el duty-free. Corre hacia la puerta de embarque. Eso no representa únicamente una mala experiencia — también supone una pérdida de ingresos.
En toda América Latina y el Caribe, el tráfico aéreo crece rápidamente. La respuesta más inmediata suele ser ampliar — más puertas de embarque, más terminales, más infraestructura. Pero Rafael Echevarne, Director General de ACI-LAC, cuestiona ese enfoque. Según explica, los aeropuertos son infraestructuras costosas que permanecen infrautilizadas durante buena parte del día — es la concentración de la demanda en las horas punta la que genera congestión. Por ello, la prioridad debe ser aprovechar el espacio existente de la manera más eficiente posible antes de recurrir directamente a nuevas ampliaciones.
Tecnología primero. Construir después — si es necesario.
Biometría y procesamiento sin fricciones como multiplicadores de capacidad
La congestión de pasajeros en los aeropuertos de América Latina y el Caribe suele concentrarse en franjas horarias específicas — seguridad, inmigración y control de equipajes.
Reducir los tiempos de procesamiento en estos puntos críticos aumenta inmediatamente la capacidad de flujo de pasajeros.
“Con la introducción de la biometría, nuestro rostro se convierte en nuestro pasaporte”, afirma Echevarne.
En Dubái, el pasajero llega, presenta su pasaporte y la puerta se abre — sin agente, sin fila. “Cuando llegas a Dubái, no necesitas hablar con nadie. Colocas el pasaporte, la puerta se abre y ya estás en Dubái”, explica. Ese es el estándar que ACI-LAC quiere ver implantado en toda la región. Singapur también ha alcanzado ya ese nivel.
Para América Latina y el Caribe, la cuestión no es si esta tecnología es viable. La cuestión es la velocidad de implementación. “En ACI creemos que los tiempos de espera deberían ser prácticamente cero. No hay excusa.”
La tecnología se convierte así en un multiplicador de capacidad — permitiendo que las terminales absorban mayores volúmenes de pasajeros sin necesidad inmediata de una ampliación física.
De la eficiencia operacional a la optimización de los ingresos
La experiencia del pasajero no es una cuestión estética. Es una variable económica.
Cuando los pasajeros atraviesan rápidamente los controles de seguridad e inmigración, llegan a la zona comercial con tiempo, atención y disposición para consumir. Cuando se enfrentan a largas filas, su prioridad pasa a ser llegar a la puerta de embarque.
Rafael Echevarne explica de forma directa esta relación con el desempeño comercial: “Esta experiencia hace que el pasajero se sienta tan bien que gasta más en las tiendas y los restaurantes — y eso es muy positivo para todos.”
La eficiencia operacional y el desempeño comercial no son objetivos independientes. Uno impulsa al otro.
Los ingresos no aeronáuticos como indicador estratégico de desempeño
Los ingresos no aeronáuticos constituyen un pilar estructural de la sostenibilidad financiera de los aeropuertos — pero su potencial va más allá del balance financiero.
El aeropuerto es la primera impresión física de un destino. Y lo que vende, ofrece y exhibe puede reflejar — o no — la riqueza de ese territorio. “No se trata simplemente de tener una tienda, sino de contar con una tienda que ofrezca los productos adecuados, aquello que la gente busca — y de asegurarse de que la cultura y la diversidad de cada isla estén representadas allí”, afirma Echevarne.
Gastronomía regional, artesanía local y espacios de servicio cuidadosamente concebidos: no son simples decisiones decorativas. Son, al mismo tiempo, una estrategia comercial y una herramienta de posicionamiento del destino. La tecnología también contribuye a este objetivo — Echevarne señala que permite a cada isla diferenciarse.
Especialmente para los aeropuertos de menor tamaño, los ingresos no aeronáuticos pueden marcar la diferencia entre la viabilidad financiera y la dependencia de otras fuentes de financiación.
La experiencia como infraestructura competitiva
En una región donde la aviación sustenta el turismo, el comercio y la integración económica, la experiencia del pasajero adquiere una dimensión de infraestructura estratégica.
La biometría, el procesamiento digital y la gestión optimizada de los flujos de pasajeros no son simplemente mejoras operacionales. Son instrumentos de competitividad.
Para Rafael Echevarne, la próxima década en América Latina y el Caribe no estará definida únicamente por el crecimiento del tráfico. Estará determinada por la capacidad de los aeropuertos para articular de manera inteligente la implementación de tecnología, la gestión de la capacidad y la estrategia comercial.
La experiencia del pasajero ya no es una función auxiliar.
Es un motor de crecimiento — y, en América Latina y el Caribe, este proceso apenas está comenzando.



