Mientras que las proyecciones globales apuntan a una moderación relativa de los costos del combustible de aviación, las aerolíneas de América Latina y el Caribe continúan operando bajo condiciones mucho más restrictivas. Detrás de la esperada desaceleración de los precios del petróleo crudo y del jet fuel a nivel mundial, persisten factores estructurales regionales —estructuras de costos, alta exposición al dólar estadounidense, marcos tributarios y acceso limitado al Sustainable Aviation Fuel (SAF)— que siguen ejerciendo una presión sostenida sobre los márgenes.
El combustible, un factor clave de costos
El combustible continúa siendo uno de los principales componentes de costos para las aerolíneas de la región. Según Bloomberg Línea, el jet fuel representa habitualmente entre el 30 % y el 40 % de los costos operativos de los operadores latinoamericanos, lo que los sitúa entre los más expuestos del mundo a la volatilidad de los mercados energéticos.
Esta exposición se ve amplificada por los efectos cambiarios. Como señala Bloomberg Línea, una parte significativa de los gastos —incluidos el combustible, el mantenimiento de aeronaves, los repuestos y los contratos de leasing— está denominada en dólares estadounidenses, mientras que los ingresos se generan mayoritariamente en monedas locales. Las fluctuaciones del tipo de cambio, por tanto, intensifican el impacto de las variaciones del precio del combustible sobre los resultados operativos.
Una desaceleración global con beneficios desiguales
A nivel global, la International Air Transport Association (IATA) prevé una ligera reducción de los costos del combustible en 2026, con un precio promedio del jet fuel estimado en USD 88 por barril, frente a USD 90 en 2025. Se espera que el combustible represente el 25,7 % de los gastos operativos totales de las aerolíneas a nivel mundial.
Sin embargo, estas medias globales ocultan marcadas disparidades regionales. En América Latina, la adquisición de combustible sigue siendo estructuralmente más costosa debido a cadenas de suministro fragmentadas, una elevada dependencia de importaciones en varios mercados y regímenes fiscales nacionales heterogéneos. Bloomberg Línea destaca que las tensiones geopolíticas y la volatilidad del mercado petrolero se traducen de forma más directa en mayores costos para las aerolíneas latinoamericanas que para sus pares de América del Norte o Europa.
SAF: una palanca climática con impacto en los costos a corto plazo
La transición hacia el Sustainable Aviation Fuel añade una capa adicional de complejidad. De acuerdo con el informe del Massachusetts Institute of Technology, Sustainable Decarbonization of Aviation in Latin America, el precio del combustible de aviación en la región se situó en torno a USD 0,70 por litro en 2024. En contraste, los costos proyectados de producción de SAF presentan una amplia variabilidad entre países:
- entre USD 1,11 y USD 1,77 por litro en Brasil;
- hasta USD 2,86 por litro en Perú;
- con rangos intermedios en Colombia, México, Chile y Ecuador.
Estas diferencias explican por qué el SAF, pese a su potencial de descarbonización, representa actualmente un incremento neto de costos para las aerolíneas de la región. La IATA estima que el costo marginal global del SAF alcanzará los USD 4.500 millones en 2026, mientras que su disponibilidad cubrirá solo el 0,8 % del consumo total de combustible de aviación. En América Latina, donde los mecanismos de incentivo siguen siendo limitados, la adopción del SAF responde principalmente a compromisos voluntarios, más que a mandatos regulatorios obligatorios.
Decisiones estratégicas bajo presión constante
En conjunto, estos factores obligan a las aerolíneas latinoamericanas a realizar equilibrios cada vez más ajustados entre el control de costos, la renovación de flota y la estrategia de red. El informe del MIT subraya que incrementos sostenidos en los precios del combustible, si no se mitigan mediante políticas públicas o mecanismos de mercado, podrían afectar la demanda de transporte aéreo en el mediano plazo. Sus proyecciones sugieren que mayores costos de combustible podrían ralentizar el crecimiento del tráfico, en particular en los mercados domésticos y regionales, altamente sensibles al precio.
Las mejoras en eficiencia operativa —modernización de flotas, optimización de las operaciones de vuelo y en tierra, y estrategias más sofisticadas de cobertura de combustible— siguen siendo palancas clave. No obstante, la IATA también señala que el envejecimiento de las flotas, impulsado por retrasos en las entregas de aeronaves y por disrupciones persistentes en la cadena de suministro aeroespacial, limita en el corto plazo el ritmo de las mejoras en eficiencia de combustible.
Una presión que probablemente persistirá
A pesar de señales más favorables a nivel global, la dinámica de los costos del combustible en América Latina continúa siendo estructuralmente más restrictiva que en otras regiones. La ausencia de un marco regional armonizado para el SAF, la elevada exposición al dólar estadounidense y las políticas fiscales específicas de cada país siguen afectando la competitividad de las aerolíneas.
En el corto y mediano plazo, el principal desafío no radica en una reducción generalizada de los costos del combustible, sino en la capacidad de las aerolíneas para absorber estas restricciones estructurales sin comprometer la conectividad ni unas márgenes ya de por sí reducidas. En un mercado donde la rentabilidad sigue siendo limitada, el combustible continúa siendo una variable estratégica central para la aviación latinoamericana.



