Tres jóvenes dedicarán seis semanas a conocer tres eslabones de la cadena marítima: una compañía naviera, un puerto y uno de los clientes del transportista. El programa sigue siendo modesto por su alcance, pero responde a un desafío más amplio para el Caribe: cómo atraer nuevos talentos hacia una industria que muchos jóvenes todavía conocen poco.
Los buques transportan una gran parte de las mercancías consumidas por los hogares y las empresas del Caribe. Sin embargo, las personas, las profesiones y los procesos que hacen posibles esos flujos siguen siendo prácticamente invisibles para las generaciones más jóvenes.
Esta desconexión fue abordada durante la 29.ª Asamblea General Anual de la Port Management Association of the Caribbean, celebrada en Paramaribo. Allí, Tamarah Lowe-James, Island Manager for Antigua and Barbuda en Tropical Shipping, presentó el Maritime Apprenticeship Program desarrollado por Tropical Shipping y la PMAC.
La iniciativa se basa en un modelo deliberadamente sencillo. Tres aprendices de entre 18 y 21 años pasan:
- dos semanas en la compañía naviera;
- dos semanas en el entorno portuario;
- y dos semanas con un cliente.
En lugar de mostrarles un único puesto de trabajo, esta rotación pretende ayudarles a comprender cómo las distintas partes de la cadena marítima y logística dependen unas de otras.
El programa reúne a pocos participantes, pero su estructura plantea una cuestión relevante para los puertos caribeños: ¿puede un breve periodo de inmersión directa hacer más visibles las carreras marítimas y abrir una vía más clara de acceso al sector?
Seguir la mercancía a lo largo de toda la cadena
Una práctica profesional convencional puede llevar a un joven a observar el funcionamiento de un solo departamento sin comprender cómo encaja dentro del conjunto de la operación.
El recorrido de seis semanas busca superar esa limitación.
El tiempo dedicado a la compañía naviera permite conocer las dimensiones comerciales y organizativas del transporte de mercancías. La estancia en el puerto acerca a los participantes a las operaciones de la terminal, las exigencias de seguridad y la manipulación física de la carga. La etapa realizada con un cliente completa el recorrido al mostrar el destino de la mercancía y las consecuencias concretas de la fiabilidad del transporte más allá de las puertas del puerto.
Esta progresión ofrece a los aprendices lo que Tamarah Lowe-James describe como una visión de «360 grados» de la industria marítima.
Para los puertos y las compañías navieras, esta perspectiva más amplia resulta especialmente relevante. Las operaciones requieren cada vez más profesionales capaces de comprender las relaciones entre los horarios de los buques, la actividad de las terminales, la documentación, las necesidades de los clientes y la logística terrestre, y no únicamente la tarea realizada dentro de una sola organización.
La iniciativa supera, por tanto, la simple promoción de las profesiones. Introduce desde el inicio una comprensión global del sistema.
Hacer visible una industria todavía poco conocida
Antes de seleccionar a sus aprendices, el programa desarrolla acciones de sensibilización en escuelas y centros de educación superior.
El primer objetivo es explicar cómo funciona la industria marítima, de dónde proceden las mercancías importadas y qué oportunidades profesionales existen alrededor del transporte marítimo y los puertos. Tamarah Lowe-James señala que algunos jóvenes todavía comprenden poco cómo llegan los productos hasta sus islas o cuántas profesiones intervienen en ese proceso.
Esta falta de visibilidad puede debilitar la contratación mucho antes de que los empleadores publiquen sus ofertas.
Un estudiante puede conocer las salidas profesionales del derecho, la sanidad, el turismo o las finanzas, pero desconocer las oportunidades existentes en las operaciones de terminal, los servicios a los buques, el transporte de carga, las aduanas, las tecnologías logísticas, la ingeniería o la administración marítima.
Los puertos no pueden esperar que los jóvenes elijan profesiones que nunca han tenido la oportunidad de conocer.
El programa de aprendizaje responde a esta dificultad combinando sensibilización y experiencia práctica. La promoción de 2026 tiene previsto visitar el MV Dawn, conocer a profesionales del sector y participar en una sesión con la Caribbean Maritime University. De esta manera, los participantes podrán comprender mejor tanto las oportunidades de empleo como las posibilidades de continuar sus estudios. También conversarán con los aprendices del año anterior sobre su experiencia.
Una elevada presencia femenina entre las candidaturas
Cuando el programa fue presentado en Paramaribo, sus tres aprendices ya habían sido seleccionados.
La promoción de 2026 está formada por dos mujeres jóvenes y un hombre joven. Según Tamarah Lowe-James, las mujeres representaron aproximadamente el 80 % de las candidaturas recibidas este año. La promoción anterior estaba integrada por dos hombres jóvenes y una mujer joven.
El dato merece atención, especialmente en un sector donde varias ocupaciones operativas y embarcadas siguen percibiéndose tradicionalmente como masculinas.
Sin embargo, no debe interpretarse como una prueba de una evolución a escala regional. La fuente disponible no indica el número total de candidaturas y la cifra corresponde a una sola campaña de selección para un programa limitado a tres participantes.
Sí demuestra, no obstante, que las jóvenes están dispuestas a presentar su candidatura cuando las oportunidades del sector marítimo se explican con claridad y se hacen accesibles.
El reto consiste ahora en transformar ese interés inicial en formación, cualificaciones reconocidas y verdaderas perspectivas de empleo.
Facilitar el acceso también exige superar obstáculos prácticos
La presentación puso de relieve otra enseñanza importante: seleccionar a los jóvenes es solo el primer paso.
Tamarah Lowe-James explicó que una participante de la promoción anterior necesitó adaptaciones relacionadas con sus prácticas religiosas y ropa adecuada para trabajar en el entorno portuario. Los organizadores también descubrieron que la joven no disponía del documento oficial de identidad necesario para completar determinados trámites administrativos y financieros.
Estos elementos pueden parecer alejados de la formación marítima. Sin embargo, muestran por qué los programas dirigidos a jóvenes suelen requerir un acompañamiento más amplio de lo previsto.
Un participante puede estar motivado y ser competente, pero seguir enfrentándose a dificultades relacionadas con:
- los documentos de identidad;
- el transporte o la distancia geográfica;
- la ropa profesional;
- las obligaciones religiosas;
- el acceso a los servicios bancarios;
- o el desconocimiento de los procedimientos del mundo laboral.
La respuesta de Tamarah Lowe-James consistió en considerar estas dificultades como parte integral de la misión del programa: acompañar a los jóvenes en su incorporación a la vida profesional, en lugar de excluirlos cuando surgen complicaciones.
Este enfoque resulta significativo. Los programas de contratación corren a veces el riesgo de seleccionar únicamente a candidatos que ya están plenamente preparados para incorporarse al entorno laboral. Una verdadera política de desarrollo del talento también debe tener en cuenta a quienes muestran un potencial evidente, pero necesitan apoyo adicional debido a sus circunstancias.
Una inmersión útil, pero todavía no una estrategia completa de formación
También deben reconocerse las limitaciones del programa.
Tres participantes y seis semanas no bastarán para resolver los problemas de contratación y competencias del sector marítimo caribeño. La información disponible no permite determinar si el programa conduce a una cualificación oficial, a un empleo garantizado o a un contrato de aprendizaje de mayor duración.
Tampoco aporta resultados medibles sobre la promoción anterior, como:
- la obtención de un empleo;
- la inscripción en una formación marítima;
- la preparación de una cualificación;
- o el mantenimiento de una relación con el sector.
La iniciativa debe entenderse, por tanto, como una puerta de entrada y no como un itinerario completo de formación.
Su valor inmediato reside en la sensibilización, la orientación y el contacto con la industria. Su valor a largo plazo dependerá de lo que ocurra después de las seis semanas.
Ese seguimiento podría adoptar la forma de mentorías, prácticas, becas, formación profesional, estudios universitarios o contrataciones en puertos y compañías navieras. Sin esas etapas complementarias, incluso un programa de inmersión bien diseñado podría despertar interés sin ofrecer una vía concreta para desarrollarlo.
Un modelo que podría reproducirse en el Caribe
Tamarah Lowe-James expresó su deseo de que otras islas adopten o se incorporen al programa en el futuro, aunque reconoció que su expansión sería gradual.
«No es una solución rápida».
Esta prudencia está justificada. Reproducir el modelo exigiría coordinar a puertos, compañías navieras, clientes, centros educativos y organismos de formación para organizar las estancias y su supervisión. Las organizaciones más pequeñas también podrían necesitar apoyo para proporcionar equipos, movilizar personal y ofrecer actividades de aprendizaje suficientemente estructuradas.
No obstante, el formato básico es adaptable.
Cada territorio participante podría ofrecer a los aprendices las mismas tres perspectivas —la del transportista, la del puerto y la del cliente—, adaptando al mismo tiempo el contenido a las actividades locales, las infraestructuras disponibles y las necesidades de competencias.
Durante los intercambios, el Chairman de la PMAC, Darwin Telemaque, relacionó esta iniciativa con un problema más amplio de contratación. Indicó que algunos operadores de cruceros habían señalado dificultades para encontrar candidatos caribeños interesados en trabajar en el mar. A su juicio, una sensibilización temprana podría contribuir a despertar el interés por oportunidades profesionales que los trabajadores de la región todavía conocen poco.
La industria marítima caribeña no preparará a su futura fuerza laboral únicamente mediante debates en conferencias. Los jóvenes deben ver el sector, comprender cómo funciona y poder identificar el lugar que podrían ocupar dentro de él.
Tres aprendices durante seis semanas no transformarán el empleo marítimo regional. Pero el programa pone a prueba un principio concreto: antes de poder contratar a la próxima generación, el sector marítimo debe abrirle la cadena y mostrarle dónde podría encontrar su lugar.



