El 20 de febrero de 2026, la Caribbean Initiative del Atlantic Council celebró en Miami la edición inaugural del US–Caribbean Maritime and Ports Forum. El encuentro, realizado en el Fontainebleau Hotel, marcó el lanzamiento formal de una plataforma de largo plazo destinada a fortalecer la cooperación entre Estados Unidos y los países del Caribe en materia portuaria, marítima y logística.
El foro no fue concebido como un evento aislado, sino como el punto de partida de un diálogo estructurado y sostenido en torno a políticas públicas e inversión. Las discusiones abordaron infraestructura portuaria, seguridad marítima, desarrollo de capital humano, reformas regulatorias y el papel de la tecnología en el crecimiento del sector. La iniciativa se apoya en el impulso generado durante las reuniones de los Jefes de Gobierno de CARICOM en 2025, donde la cooperación marítima fue definida como prioridad regional.
Los puertos como infraestructuras críticas
A lo largo del foro, los puertos fueron presentados como sistemas esenciales que sostienen el comercio regional, los flujos de inversión, la seguridad energética, la seguridad pública y las cadenas de suministro alimentarias. Este enfoque trasciende la narrativa comercial tradicional y posiciona la infraestructura portuaria como un activo estratégico nacional.
También se subrayó el papel central del Caribe en la industria global de cruceros. La región fue descrita como el principal destino mundial de cruceros, con Miami reconocida como la capital global del sector. La conectividad de cruceros, el movimiento de carga y la función de puerta de entrada fueron planteados como componentes interdependientes de la estabilidad económica regional.
Más allá de su función logística, los puertos fueron reiteradamente definidos como “líneas de vida” para las economías insulares — infraestructuras que inciden directamente en la continuidad económica y la resiliencia.
El riesgo climático como condicionante estructural
La exposición climática emergió como una realidad operativa determinante para los sistemas portuarios caribeños. Durante el foro, el representante de Jamaica presentó datos concretos que ilustran la magnitud de las presiones climáticas en los últimos cinco años:
- Un huracán de categoría 4
- Un huracán de categoría 5
- Dos tormentas tropicales con impacto directo
- El día más caluroso jamás registrado
- Tres de las cuatro peores sequías en 120 años
- Tres de los diez días más lluviosos en 120 años
Estos datos evidencian la vulnerabilidad estructural de la infraestructura portuaria en los pequeños Estados insulares.
Jamaica ha implementado una herramienta integral de evaluación de riesgos para medir la exposición a marejadas ciclónicas, inundaciones y daños por viento. Según lo expuesto, el sistema resultó “casi 100% preciso” en los dos últimos eventos de huracán. El país también ha invertido en un supercomputador para fortalecer su capacidad de modelización y orientar decisiones de inversión pública. Se mencionaron estudios de protección costera que contemplan escenarios de marejada de hasta 20 pies, así como cooperación con el Port of Miami en materia de preparación ante huracanes.
El mensaje fue claro: la resiliencia climática no es opcional para los puertos del Caribe, sino un requisito fundamental para la continuidad operativa.
La narrativa de la “tercera frontera”
Durante el foro surgió una formulación geopolítica relevante. Un participante describió a Estados Unidos como un país con “tres fronteras: Canadá, México y el Caribe”. Esta caracterización reposiciona al Caribe no como periferia, sino como frontera marítima directamente vinculada a los intereses económicos y de seguridad estadounidenses.
Se hizo referencia a la necesidad de una mayor coordinación entre los gobiernos caribeños y entidades estadounidenses como la Development Finance Corporation (DFC), el Export-Import Bank (EXIM) y el Departamento de Estado. Se reconoció que Estados Unidos a menudo “avanza con lentitud”, mientras que otros actores — con mención explícita a China — “actúan con rapidez”.
Sin profundizar en confrontaciones geopolíticas, quedó implícito que la cooperación en infraestructura marítima trasciende el comercio.
Los puertos fueron presentados como instrumentos de influencia, alineamiento económico e integración regional en materia de seguridad.

Brechas de infraestructura y limitaciones operativas
Más allá de las consideraciones estratégicas, el foro puso de relieve desafíos operativos concretos que enfrentan los puertos caribeños.
Varios participantes señalaron la necesidad de modernizar equipos de manipulación de carga. En jurisdicciones más pequeñas, grúas obsoletas e infraestructura limitada afectan directamente los tiempos de operación. En un entorno donde las navieras priorizan confiabilidad y eficiencia, incluso pequeñas ineficiencias pueden influir en las decisiones de escala.
La digitalización fue identificada como un paso imprescindible. La agilización de los procedimientos aduaneros y una mayor coordinación entre autoridades portuarias, agencias de inspección y servicios fronterizos fueron consideradas fundamentales para mejorar la previsibilidad. Se mencionó, por ejemplo, que el cierre de aduanas durante fines de semana puede retrasar la liberación de carga hasta mitad de semana, generando demoras evitables en toda la cadena logística.
La conclusión fue clara: la inversión en infraestructura física no basta. La eficiencia administrativa y la coordinación institucional son igualmente determinantes en el desempeño portuario.
La ciberseguridad también emergió como una preocupación creciente. A medida que los puertos incorporan sistemas digitales y herramientas basadas en datos, aumenta su exposición a amenazas cibernéticas. Dado su papel central en las cadenas de suministro nacionales, cualquier interrupción operativa tendría repercusiones económicas amplias.
También se discutieron riesgos de congestión, citándose a Nassau como ejemplo de cómo las presiones de capacidad pueden tensionar simultáneamente las operaciones de cruceros y carga. En puertos que operan cerca de sus límites, variaciones en el volumen pueden traducirse rápidamente en estrés sistémico.
Por último, se reconocieron limitaciones estructurales vinculadas a la escala. Los puertos insulares operan con volúmenes de carga reducidos, lo que limita ingresos y complica la financiación de grandes proyectos de capital. Sin masa crítica, amortizar inversiones resulta más complejo, reforzando la necesidad de esquemas de financiación coordinados y mecanismos de apoyo externo.
Desafíos de financiamiento y bancabilidad
El marco de inversión fue otro eje central del debate. Las asociaciones público-privadas (PPP) fueron identificadas como instrumentos clave para la modernización portuaria, aunque se mencionaron sensibilidades políticas y complejidades en los procesos de contratación que pueden ralentizar su implementación. La creación de un entorno habilitante estable — con claridad regulatoria y mecanismos adecuados de distribución de riesgos — fue considerada esencial para atraer capital privado.
Se destacó el papel de las instituciones financieras multilaterales en la reducción de brechas de financiamiento. Asimismo, se mencionaron los canjes de deuda por clima como herramientas emergentes en el panorama financiero regional.
Desde la perspectiva de los inversionistas, la claridad en los modelos de ingresos, la estabilidad de la demanda y la solidez de la gobernanza operativa siguen siendo factores determinantes para evaluar la bancabilidad.
La institucionalización de un diálogo estratégico
El foro inaugural no anunció proyectos específicos ni compromisos financieros inmediatos. En cambio, formalizó un espacio estructurado de diálogo en la intersección de infraestructura, resiliencia climática, seguridad marítima y cooperación regional.
Al lanzar una plataforma de largo plazo centrada en la colaboración marítima entre Estados Unidos y el Caribe, el evento elevó a los puertos de infraestructura sectorial a sistemas estratégicos con implicaciones económicas y de seguridad.
Los temas recurrentes — exposición climática, modernización de infraestructura, restricciones financieras, digitalización y coordinación institucional — reflejan una región que equilibra vulnerabilidad con posicionamiento estratégico.
Ya sea considerados como líneas de vida económicas o como la frontera marítima de América, los puertos del Caribe se sitúan ahora en el centro de un diálogo estructurado que vincula comercio, resiliencia y alineamiento regional. El foro de 2026 marcó el inicio institucional de esa conversación.



